Publicada en: 15/12/2011 a las 11:39
Ambiente


Escoba de bruja
Maria Ramos

A inicio de los años ’90 en Bahia muchos hacendados deben haber pensado que estaban siendo objeto de algún hechizo. Es que una plaga, llamada escoba de bruja destruyó plantaciones enteras de cacao – fruto que da origen al chocolate -, provocando la quiebra de los antes ricos coroneles, como eran conocidos los dueños de estas haciendas.

Hasta mediados de la década del ‘20, Brasil era el mayor productor de cacao del mundo. A fines de los años ‘80 aún ocupaba el segundo lugar, perdiendo sólo de Costa de Marfil, en África. Hoy, Brasil contribuye apenas con 4% de la producción mundial, quedando en quinto lugar en producción y consumo.

Photo: Eduardo Cesar/Revista Fapesp

Photo: Eduardo Cesar/Revista Fapesp

Causada por el hongo Monoliophtera perniciosa (antes llamado Crinipellis Perniciosa), la escoba de bruja lleva ese nombre porque deja secas las ramas del cacaotero, como una escoba vieja. La enfermedad fue descubierta en 1895, en Surinam, y ya había demostrado su poder devastador al afectar, en 1920, las plantaciones de cacao del Ecuador.

Cuando llegó a Bahia, en 1989, proveniente probablemente de la región Amazónica, la plaga fue el fin de los productores bahianos, que enfrentaban también una crisis con la inmensa caída del precio del cacao en el mercado internacional. Sólo para tener una idea de las perdidas, la producción que fue de 390 mil toneladas en 1988, cayó a 123 mil en 2000.

La caída de la producción y el aumento del consumo hicieron con que Brasil, a partir de 1998, ya no fuese capaz ni siquiera de producir cacao en cantidad suficiente para atender el mercado interno. Entonces, el país dejó de ser exportador, o sea, proveedor de cacao, y se volvió importador, comprando el producto de otros países. Actualmente, el mayor productor de cacao es Costa de Marfil, seguido de Gana, Indonesia y Nigeria.

Contaminación y control

La escoba de bruja continua siendo un serio problema de los agricultores e investigadores, que han buscado un medio de combatir la plaga. Una de las formas de control es injertar mudas de plantas resistentes a la escoba de bruja en plantas sensibles a la enfermedad. Para eso, se aprovecha la raíz de la planta enferma, que se une con una cinta al gajo de la planta resistente, formando así una nueva planta saludable.

Estas y otras técnicas, sin embargo, tienen un costo elevado y no siempre presentan buenos resultados. Por eso, es muy importante controlar la escoba de bruja mientras está en sus inicios, ya que la plaga se difunde rápidamente a través del viento y del agua.

La contaminación ocurre cuando un grupo de esporas, fase reproductiva del hongo, se fijan en la superficie de las ramas o frutas en crecimiento. En seguida, lanzan unos filamentos llamados hifas que penetran en las células del vegetal. Inicialmente, los hongos viven una fase en la que parece que estuviesen dormidos y casi no se multiplican.

Mientras tanto, en la tentativa de salvar la rama infectada, la planta comienza a enviar más nutrientes y hormonas de crecimiento hacia esa región. Eso provoca un crecimiento anormal de las hojas y, un mes después de la infección, se forma la llamada escoba verde, como es conocida la etapa inicial de la enfermedad.

En un determinado momento, la planta parece darse cuenta de que la rama está perdida e intenta recuperar para su parte sana los nutrientes acumulados en la parte enferma. Pero ya es demasiado tarde. El hongo realiza el contraataque, acelerando la muerte de la escoba verde. Con el resecamiento de la rama, ahora transformada en escoba de bruja, la planta no consigue rescatar los nutrientes a tiempo.

Photo: Ellmist/Wikipedia

Photo: Ellmist/Wikipedia

El hongo tiene, entonces, todo lo que precisa para crecer y multiplicarse: una rama muerta y llena de substancias nutritivas. Pero todavía prefiere esperar el momento justo para abrirse en la forma de hongo rosado: una sucesión alternada de días lluviosos y soleados, época en la que también están creciendo los nuevos pies de cacao. Al fin y al cabo, las esporas, después que dejan los hongos, tienen poco tiempo de vida hasta encontrar nuevas ramas, cerca de apenas tres o cuatro horas.

 

Consulta también:

¡Simplemente divino!

Fuentes de información:

CEPLAC

Revista Pesquisa FAPESP


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