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Salud, sociedad y calidad de vida

Por: Paulo M. Buss*

Salud es un derecho humano fundamental, reconocido por todos los foros mundiales y en todas las sociedades. Como tal, la salud se encuentra en pie de igualdad con otros derechos garantizados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948: libertad, alimentación, educación, seguridad, nacionalidad, etc.

La salud es ampliamente reconocida como el mayor y mejor recurso para el desarrollo social, económico y personal, así como una de las más importantes dimensiones de la calidad de vida.

Salud y calidad de vida son dos temas estrechamente relacionados, hecho que podemos reconocer en nuestro cotidiano y con el cual investigadores y científicos concuerdan enteramente. O sea, la salud contribuye a mejorar la calidad de vida y ésta es fundamental para que un individuo o comunidad tengan salud.

La Carta de Ottawa –uno de los documentos más importantes que se produjeron en el escenario mundial sobre el tema de la salud y la calidad de vida- afirma que son recursos indispensables para tener salud:

• Paz
• Ingresos
• Habitación
• Educación
• Alimentación adecuada
• Ambiente saludable
• Recursos sustentables
• Equidad
• Justicia social

Eso implica comprender que la salud no es ni una conquista, ni una responsabilidad exclusiva del sector salud. Es el resultado de un conjunto de factores sociales, económicos, políticos y culturales, colectivos e individuales, que se combinan de forma particular en cada sociedad y en coyunturas específicas, resultando de ello sociedades más o menos saludables.

La mayor parte del tiempo de sus vidas, la mayoría de las personas es saludable. Eso significa que, la mayor parte del tiempo, la mayoría de las personas no necesita de hospitales, CTI o complejos procedimientos médicos, diagnósticos o terapéuticos.

Pero durante toda la vida, todas las personas necesitan agua y aire puros, ambiente saludable, alimentación adecuada, situaciones social, económica y cultural favorables, prevención de problemas específicos de salud, así como educación e información.

Eso quiere decir que factores políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales, comportamentales y biológicos tanto pueden favorecer como perjudicar la salud.

Para que mejoren realmente las condiciones de salud de una población –un objetivo social relevante en todas las sociedades- son necesarios cambios profundos de los patrones económicos en el interior de estas sociedades e intensificación de las políticas sociales, que son eminentemente políticas públicas. O sea, para que una sociedad conquiste salud para todos sus miembros, es necesaria una verdadera acción intersectorial y las llamadas políticas públicas saludables, que son las políticas comprometidas con la calidad de vida y la salud de la población.

Además de estos elementos llamados estructurales, que dependen sólo parcialmente de la decisión y acción de los individuos, la salud también es consecuencia de los llamados factores comportamentales. O sea, las personas desarrollan patrones alimentarios, de comportamiento sexual, de actividad física, de mayor o menor stress en la vida cotidiana y en el trabajo, uso de drogas lícitas (como cigarrillo y bebidas) e ilícitas, entre otros, que también tienen gran influencia sobre la salud.

Si cada persona se preocupase por desarrollar un patrón de comportamiento favorable para su salud y luchase para que las condiciones sociales y económicas fuesen favorables a la calidad de vida y a la salud de todos, seguramente estará contribuyendo de forma poderosa para que tengamos una población más saludable, con vida más larga y placentera.

*Paulo M. Buss es profesor de Salud Pública y ex-presidente de la Fiocruz.

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